Cofre
Mete una contraseña en un cofre y mándala por donde quieras. Lo que sale de aquí es ruido para todo el que no tenga la palabra clave, así que da igual que pase por WhatsApp, por un mensaje de texto o por el Drive de alguien.
Sirve para recordar cuál palabra clave usaste. Pon algo que te diga a ti cuál es y que no le diga nada a quien no debe.
La palabra clave tiene que viajar por otro camino que el cofre.
Si mandas los dos por WhatsApp, has mandado un cofre con la llave pegada
encima. Dísela por teléfono, o que sea algo que ya sepáis los dos.
Y si la pierdes, ese cofre no lo abre nadie — ni tú, ni yo.
Empieza por «TSC1.». Si te lo mandaron por mensaje, cópialo entero y pégalo aquí.
Quedará a la vista hasta que salgas de esta pantalla. Si hay alguien cerca, mejor copiar y pegar.
Todo ocurre dentro de este aparato. El servidor no interviene, no se entera
y no hace falta que haya internet.
PBKDF2 con 600 000 vueltas y AES-256-GCM. El mismo formato que el comando
cofre del servidor: lo que cierres aquí se abre allí y al revés.